O pântano boliviano e a política impotente de Morales

Morales tenta equilibrar-se entre a política de conciliação com os setores mais conservadores (e separatistas) da elite burguesa boliviana, ao mesmo tempo em que procura apoiar-se no movimento de massas mas limitando, contendo e reprimindo sua autonomia política. A chance desta política dar certo é zero. A direita está levantando a cabeça. As massas estão crescendo em desapontamento com Morales. Molina, no texto a seguir, tece alguns comentários sobre o processo político boliviano:
"La derecha quiere imponerle al MAS el respeto al mecanismo del ´consenso y los dos tercios´ para adoptar cualquier decisión en la Constituyente, como forma de terminar de diluir las propuestas tibiamente reformistas del MAS, y asegurarse el máximo de garantías y concesiones posible. Además, los “cívicos” utilizan el reclamo de “capitalía plena”de la élite chuquisaqueña (es decir que el poder ejecutivo y el legislativo que hoy residen en La Paz vuelvan a esa ciudad), para mejorar sus posiciones en el tema de las autonomías departamentales y en el nuevo reparto del poder estatal disputado entre Oriente y Occidente.
Por su parte, el MAS ha hecho ya enormes concesiones, aceptando las autonomías departamentales y ese antidemocrático principio pactista (como muestran la ley de Convocatoria a la Constituyente y la ley que prolonga las actividades de la misma hasta el 14 de diciembre), la aprobación por dos tercios de la nueva constitución y referéndum en los puntos en que no haya acuerdo. Pero se resiste a una capitulación lisa y llana ante el chantaje de la derecha y trata de no atarse formalmente a esas exigencias desmedidas, es decir, mantener cierto margen de libertad de acción política.
(...)
Estas demostraciones están enmarcadas en una política de cautelosa presión funcional a los objetivos del MAS de negociar con la derecha política y los comités cívicos.
Plantean así un camino completamente impotente, de presión sobre la Asamblea, subordinado completamente a la estrategia del MAS de conciliación con los representantes de los empresarios, los terratenientes y las transnacionales, una “línea pactista” a la que los “descontentos” del MAS se disciplinan cada vez que Evo los llama al orden, y que sólo ha servido para que la derecha levante cabeza y se envalentone cada vez más.
Por eso los dirigentes ni hablan del aumento del costo de vida, el salario y otras reivindicaciones postergadas. Tampoco plantearon medidas concretas de lucha contra la derecha empresarial y terrateniente.
Si quisieran efectivizar una lucha frontal contra la reacción, el único camino es el de la movilización general de los trabajadores, los campesinos, los pueblos originarios, sin subordinarse políticamente al gobierno y levantando un programa que una las demandas inmediatas más sentidas, como el salario y el empleo, a la satisfacción de las tareas nacionales y democráticas pendientes (y “olvidadas” en la Asamblea), como una reforma agraria radical, nacionalizar los recursos naturales y las empresas capitalizadas, territorio y respeto al derecho de autodeterminación de los pueblos originarios y la ruptura con el imperialismo, poniendo en pie de guerra a las fuerzas obreras y populares e impulsando la autodefensa de masas contra los ataques y provocaciones de los grupos de choque como la “Juventud Cruceñista”.
Un programa así es el único que puede quebrar el poder de la reacción, y, al mismo tiempo, reabrir el camino de Octubre, el de una solución obrera y campesina a la crisis nacional".
[Extrato do artigo publicado em La Verdad Obrera n.251, de 13/9/7, intitulado ´Governo e oposição tateiam saídas políticas para salvar à Constituinte da agonia´, escrito por Eduardo Molina]
"La derecha quiere imponerle al MAS el respeto al mecanismo del ´consenso y los dos tercios´ para adoptar cualquier decisión en la Constituyente, como forma de terminar de diluir las propuestas tibiamente reformistas del MAS, y asegurarse el máximo de garantías y concesiones posible. Además, los “cívicos” utilizan el reclamo de “capitalía plena”de la élite chuquisaqueña (es decir que el poder ejecutivo y el legislativo que hoy residen en La Paz vuelvan a esa ciudad), para mejorar sus posiciones en el tema de las autonomías departamentales y en el nuevo reparto del poder estatal disputado entre Oriente y Occidente.
Por su parte, el MAS ha hecho ya enormes concesiones, aceptando las autonomías departamentales y ese antidemocrático principio pactista (como muestran la ley de Convocatoria a la Constituyente y la ley que prolonga las actividades de la misma hasta el 14 de diciembre), la aprobación por dos tercios de la nueva constitución y referéndum en los puntos en que no haya acuerdo. Pero se resiste a una capitulación lisa y llana ante el chantaje de la derecha y trata de no atarse formalmente a esas exigencias desmedidas, es decir, mantener cierto margen de libertad de acción política.
(...)
Estas demostraciones están enmarcadas en una política de cautelosa presión funcional a los objetivos del MAS de negociar con la derecha política y los comités cívicos.
Plantean así un camino completamente impotente, de presión sobre la Asamblea, subordinado completamente a la estrategia del MAS de conciliación con los representantes de los empresarios, los terratenientes y las transnacionales, una “línea pactista” a la que los “descontentos” del MAS se disciplinan cada vez que Evo los llama al orden, y que sólo ha servido para que la derecha levante cabeza y se envalentone cada vez más.
Por eso los dirigentes ni hablan del aumento del costo de vida, el salario y otras reivindicaciones postergadas. Tampoco plantearon medidas concretas de lucha contra la derecha empresarial y terrateniente.
Si quisieran efectivizar una lucha frontal contra la reacción, el único camino es el de la movilización general de los trabajadores, los campesinos, los pueblos originarios, sin subordinarse políticamente al gobierno y levantando un programa que una las demandas inmediatas más sentidas, como el salario y el empleo, a la satisfacción de las tareas nacionales y democráticas pendientes (y “olvidadas” en la Asamblea), como una reforma agraria radical, nacionalizar los recursos naturales y las empresas capitalizadas, territorio y respeto al derecho de autodeterminación de los pueblos originarios y la ruptura con el imperialismo, poniendo en pie de guerra a las fuerzas obreras y populares e impulsando la autodefensa de masas contra los ataques y provocaciones de los grupos de choque como la “Juventud Cruceñista”.
Un programa así es el único que puede quebrar el poder de la reacción, y, al mismo tiempo, reabrir el camino de Octubre, el de una solución obrera y campesina a la crisis nacional".
[Extrato do artigo publicado em La Verdad Obrera n.251, de 13/9/7, intitulado ´Governo e oposição tateiam saídas políticas para salvar à Constituinte da agonia´, escrito por Eduardo Molina]

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